Carl von Linné: la clasificación de la naturaleza
Fecha Jueves, 23 mayo a las 09:21:11
Tema Noticias


El día 23 de mayo se cumplen 306 años del nacimiento, en 1707, de Carl von Linné. En conmemoración de dicha efeméride reproducimos a continuación el artículo sobre su vida y obra escrito por el Dr. José María Riol Cimas, Profesor Titular de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de La Laguna y miembro del Aula Cultural de Divulgación Científica. El artículo se publicó en el periódico “Diario de Avisos”, de Santa Cruz de Tenerife, y está disponible en su formato original en la sección “Biblioteca” de esta página web.
        
Carl von Linné: la clasificación de la naturaleza.

No es frecuente que un científico reciba numerosos honores y distinciones a lo largo de su vida; y mucho menos frecuente que adquiera fama y poder. Todo esto lo consiguió, casi desde la juventud, un científico sueco que dedicó su vida a tratar de imponer su orden al mundo natural, a clasificar los reinos de la naturaleza según su sistema, a sentar las bases para nominar a todas las especies del planeta. Quien emprendió esta tarea titánica fue Carl von Linné (1707-1778), el hombre que llevó a cabo el trabajo necesario para que la Zoología y la Botánica pudieran consolidarse como ciencias.



Pero su intento no era ninguna novedad. El deseo de clasificar era tan antiguo como el mundo, y ya lo habían tenido antes muchos otros, como Aristóteles, cuando dividió a todos los animales en sanguíneos y exangües. O como Joseph Pitton de Tournefort, el botánico francés que, cincuenta años antes que Linné, definió por primera vez el concepto taxonómico de género e introdujo una clasificación de las plantas muy utilizada en aquellos años. Lo novedoso del sistema de Linné fue que obtuvo un éxito que ahora parece definitivo: tanto es así que, convenientemente reformado, se sigue utilizando en nuestros días.

Carolus Linnaeus según su nombre latinizado (en español, Linneo), que podría haberse llamado Carl Ingemarsson si su padre no se hubiera inventado aquel apellido antes de nacer nuestro personaje, pasó a llamarse a partir de 1761 Carl von Linné, cuando obtuvo su ansiado nombramiento como caballero. Nuestro hombre nació en Rashult, una pequeña localidad al sur de Suecia, el 23 de mayo de 1707; hijo de un pastor luterano y nieto de otro por línea materna, su futuro parecía orientado hacia la Iglesia, aunque finalmente cursó la carrera de Medicina como vía para acercarse a lo que realmente le apasionaba: la Historia Natural, y muy especialmente la Botánica.

En este campo, la producción científica de Linné es abrumadora, pero entre todas sus obras destaca sobremanera aquella en la que presenta su sistema para clasificar los reinos de la naturaleza: Systema naturae (El sistema de la naturaleza), cuya primera edición, publicada en 1735, sólo era un folleto de catorce páginas. La duodécima edición, última publicada en vida de Linné entre 1766 y 1768, ya alcanzaba las dos mil trescientas páginas, contemplando la clasificación de casi ocho mil especies de plantas y más de cuatro mil especies de animales. La principal diferencia de su sistema con respecto a otros, en el caso del reino vegetal, consistía en la utilización de las características de las estructuras reproductoras de las plantas como elementos principales para la clasificación.

También ideó un sistema funcional para nombrar animales y plantas empleando el latín, una denominación binomial en la que cada planta o animal se identificaba mediante dos palabras, una genérica en mayúscula, y otra específica en minúscula. Así, por ejemplo, la especie humana, que Linné integraba en la clasificación sin contemplaciones, como a cualquier otra especie animal, pasaba a ser Homo sapiens, donde Homo indicaba el género. Con esta moderna denominación ponía fin al caos de las anteriores, que no se atenían a criterios rigurosos y hacían casi imposible que los científicos pudieran entenderse, incluso cuando hablaban de la misma especie. En su sistema actualizado, siendo la especie la unidad elemental, cada categoría se encuentra comprendida en otra superior: especie, género, familia, orden, clase, phylum y reino.

Linné pudo acometer la ingente tarea a la que dedicó su vida, entre otras cosas, porque estableció una red de corresponsales distribuidos por todo el mundo, que le enviaban los especímenes que con extraordinario empeño clasificaba y denominaba porque, tal como escribió en su Philosophia Botanica (1751), “dos son los fundamentos de la Botánica: la clasificación y la denominación”. Además contó con la inestimable ayuda de aquellos a los que denominó sus “apóstoles”, discípulos que emprendían viajes a los lugares más remotos del planeta en busca de nuevas especies, así como para predicar la buena nueva del original sistema de clasificación del maestro. Algunos de ellos, como ocurrió con los apóstoles cristianos, perdieron la vida en el intento.

Es importante destacar, tal como han reflejado algunos de los biógrafos linneanos, que “estamos ante un sistema que, ante todo, se preocupa por ordenar el mundo natural, no por entenderlo”. Pero quién le iba a decir a Linné, interesado exclusivamente en clasificar y convencido de la estabilidad e inalterabilidad de las especies (“Contamos tantas especies como formas diversas fueron creadas en el principio del mundo”, decía), que con sus categorías, utilizadas por él sólo con fines clasificatorios, estaba propiciando que, un siglo después, Charles Darwin las utilizara precisamente para mostrar la proximidad filogenética de los distintos grupos en el gran árbol de la evolución.

Definitivamente Linné, considerado padre de la Taxonomía, la parte de la Sistemática que estudia la clasificación de los seres vivos, hizo grandes aportaciones imprescindibles para el desarrollo de la Biología, y lo mejor del caso es que su enorme valía nunca se le subió a la cabeza... como se puede comprobar leyendo lo que escribe de sí mismo en su Autobiografía: “No hay nadie que haya trabajado con más fervor y tenga más alumnos en nuestra Universidad. No hay nadie con conocimientos de ciencias naturales que haya hecho más observaciones y descubrimientos. Nadie tiene un conocimiento más sólido de los tres reinos de la naturaleza. Nadie ha elaborado con más cuidado la historia natural de su tierra natal, su flora, su fauna y su economía. Nadie ha escrito más trabajos, de forma exacta y sistemática y basándose en su propia experiencia. Nadie ha reformado de esta manera una ciencia en su totalidad ni ha creado una nueva época. Nadie ha ordenado los diferentes grupos de la naturaleza en un orden tan perfecto. Nadie ha mantenido tanta correspondencia con el mundo entero. Nadie ha enviado a sus discípulos a tantos rincones del mundo. Nadie ha dado nombre a más plantas, insectos, a toda la naturaleza. Nadie ha visto tanto trabajo del Creador. Nadie ha sido tan famoso en todo el mundo”... Linné en estado puro.

Carl von Linné, un hombre encantado por haberse conocido, con frecuencia hablaba y escribía sobre sí mismo en tercera persona, además de proclamarse “príncipe de los botánicos” y dedicar una gran parte de su tiempo libre a “escribir largos y halagadores retratos” sobre sí mismo. Con toda seguridad: el hombre que clasificó la naturaleza jamás tuvo problemas de baja autoestima.

Figura: Carl von Linné (1707-1778) en un sello de la República Democrática Alemana de 1958, conmemorativo del bicentenario de la décima edición de Systema naturae. La imagen de este sello de correos se ha utilizado exclusivamente con fines docentes y divulgativos sin ánimo de lucro.

Categoría: Publicaciones Recomendadas.
JMRC.
ACDC. 23May2013.







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